viernes, 27 de julio de 2012
¿Quién sigue a quién?
En menos de seis meses la ví cuatro veces, una inmensidad comparada con lo años en que la añore, en los que la concebí como algo inancansable, de estar y no a la vez, plasmada en las paginas de sus libros. Así, en nuestro primer encuentro se me agito el corazón, la ví pasar con su andar constante, ahí estaba ella, en el mismo auditorio que yo, la blanca Elena Poniatowska.
La primera vez fue en los Dialógos por una República amorosa en la facultad de Economía de la UNAM, la segunda en el homenaje por sus 80 años, la tercera en mi facultad y para terminar, en Chapultepec en un festival cultural. Dichoso este provinciano que vio cumplido su sueño, conocer a sus guías, aquellos que lo hicieron soñar, abrazar un sueño, atar su destino al de ellos. Ser escritor.
Escritor de novelas, eso es valioso, nada de teorías que buscan explicar lo que nadie entiende y que, tal vez, nadie entenderá. Tenía ese sueño, lo tengo, no sé, ella y Saramago fueron quienes me deslumbrarón, la ceguera blanca, ver la luz me dejo ciego, no veía nada, era como descubrir días nuevos.
Recientemente empeze a leer a Juan Villoro, qué grata sorpresa. Gran hombre, comprometido, congruente. Su historia de vida siempre me ha llamado la atención, sus columnas, su forma de escribir y así, de repente, estoy buscando cosas de él, quiero saber de él, de su persona. Es como tener un amor de juventud temprana, la amas pero ella no lo sabe, levantas su liston para atrapar su olor, todo sin que se de cuenta, quieres saber más, algo tiene que te atrae, te hipnotiza. Su voz.
¿Quién sigue a quién? Ellos a mí o yo a ellos. Están en todos lados, me recuerdan el sueño truncado, congelado, en espera, el pacto que una vez teji con ellos.
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