Tengo antojo de cereal, voy a por él a la cocina, habro la alacena y ahí está él, el conejo cafe, guardian del maximo manjar concebido por el hombre y para el hombre, un plato de nesquik con leche fria.
Me siento frente a la TV una noche más, a contarle todas mis mierdas, mis dudas y mis preguntas. Busco y busco algo que ver en los más de 300 canales que tengo contratados, con algo he de sustituir mi falta de contacto humano, mi falta de emociones. No hay nada, como siempre. He dado ya la primera vuelta al circuito de 300 canales y no veo luz al final del tunel asi que para evitarme de problemas decido lanzar un volado mental, así como los del Big Brother, y el ganador es el canal 163.
Parece que es una canal de latinoamérica en el que pasan puras peliculas, como soy un hombre de palabra, lo vere. Viene terminando una y enseguida pasan los comerciales, uno tras otro, así durante más de 5 minutos, anuncian leches, cremas, ropa, autos y todo lo que se pueda vender, sinceramente esto me molesta mucho, no me agrada que al pagar por un servicio de TV me atosiguen los comerciales asi que rompo mi promesa y le cambio. Otro volado mental y gana el 255, ahi voy de nuevo y ya estan esperandome los comerciales. Los odio muchisimo. Esas porqueria siempre intentan vendernos cosas que ni necesitamos, como si al comprarlos me convirtiera en una mejor persona o mi realidad dejara de ser menos dura y adversa. Ya suficiente tengo con mi vida.
Me voy para la cama, cojo una revista Elle, las compro con cierta regularidad, confieso que lo hago unicamente por su publicidad, me entretengo hojeando entre las notas viendo a las modelos, todas ellas tan lindas, tan perfectas, inalcanzables. Veo sus rostros, no me importa lo que promocionan, sus rasgos tan finos, tan lejanos a mi, a veces pienso cómo seran en la realidad, cómo hablaran y qué pensaran. ¿Dónde estaran?. Me duermo con ellas en la cabeza. ¿Por qué no son así las mexicanas?.
Salgo a trabajar y veo espectaculares por doquier, todos con modelos como las de la revista Elle, siempre me siento en la ventana del pesero y las busco con la mirada atenta pero nunca estan, en su lugar está mi pueblo, los mexicanos de piel color morena y ojos negros como la noche. Cuando llego a mi trabajo me veo reflejado en mis compañeros, morenos con la piel curtida por el sol de medio día, con la piel de las manos callosa por la ardua faena, chaparritos encorvados por estar en una misma posición durante horas por el trabajo, lampiños, esos somos los mexicanos, algunos son más altos y con bello en la cara y cuerpo, tal vez más altos y con ojos de color pero ellos son productos del mestizaje, sangre sucia como dicen en Harry Potter.
Esa es una duda que siempre tengo en la mente, a veces no me deja dormir, no entiendo por qué usan ese tipo de gentes para los comerciales que pasan en México, me hacen sentir mal por no tener una mujer como esas, no vayamos más lejos, ni mujer tengo y es que todas buscan un hombre alto, lampiño y con los musculos marcados y yo no soy nada de eso, ni hago ejercisio vaya. Todas quieren un hombre que no hay aquí y a los de aquí nos hacen el feo.
Siempre soñmos con una realidad social que no es la nuestra, nosotros mismos nos discriminamos. No me canso de soñar con esas mujeres, me consuelo pensando que me guardo para ellas pero si algún día las llego a encarar sé que me van a rechazar porque no soy como ellas. Maldita publicidad, se mete en mi mete y me hace desvariar, siempre sueño con ir a Paris y ni Chiapas conozco.
No sé ni en que país vivo, en el México de los de piel blanca que parecen ser tan felices o en el México de mis padres y abuelos, aquellos que murieron de tanto trabajar.