He de confesar que soy una persona singular, por decir lo menos. Esta es la primera vez que escribo una carta, por lo menos con el fin expreso de comunicarme, había escrito otras antes pero todas eran forzadas, la mayoría de esas cartas fueron producto de la escuela.
No sé por dónde empezar, ni siquiera sé a quién le escribo. No sé para qué lo hago pero si sé porque lo hago, necesito expresarme, tener una catarsis, ya no escribo por simple pasatiempo, se ha vuelto una actividad vital, escribir y leer, maldito circulo vicioso.
Aquí en el hospital escribo, sentado, los ojos me pesan. Quien me conoce de tiempo atrás sabe de mis problemas, yo no sufro como casi todos los demás de problemas emocionales, de tipo amoroso para ser especifico, no, yo no, yo sufro de perpetua crisis vocacional. Por más que intento saber qué es lo que me pasa no logro saberlo, siempre es lo mismo, siempre dudo, siempre quiero más, en ese aspecto soy una persona fácil de deslumbrar, me deslumbra el saber, me impresiona saber más. No cabe duda que soy hijo de la modernidad, en el fondo, detrás de todo ese discurso humanista, en el que creo fervientemente, se oculta un positivista recalcitrante.
Si me pidieran explicar mi caso, no sabría como hacerlo, si me preguntan cuándo inicio exactamente respondería que por lo menos llevo 5 años así. Todo ese tiempo llevo en el mismo estado, no sé si he logrado avanzar pero sí que me he movido, de verdad quiero encontrar mi verdadera vocación pero por más que intento, no puedo. Puede que para otras personas mi problemática sea tonta y simple, que la solución es sencilla, pero yo no puedo hallarla.
Aquí sentado viendo el ir y venir de los médicos y enfermeras escribo esta carta, esta carta a ese némesis privado, un némesis de un blanco perpetuo, la medicina. Debería estar leyendo las lecturas de mi escuela pero no, esta vez no, me siento mal, confieso que me siento incomprendido, siento que nadie me entiende, qué mierda es esto. Actualmente estudio mi tercer carrera y nunca me he atrevido a estudiar medicina, ni siquiera en la ficha la he puesto, años que llevo en un debate interno, en un martirio que día a día me atormenta sin cesar, ya no quiero más. No quiero dudar más.
¿Por qué no estudie medicina? No lo sé, no sé si fue falta de valor, cobardía o lo que sea, tampoco sé si es ese eterno sentimiento de saberme bueno para todo, ese egocentrismo tan característico de mi y de la modernidad, saber que puedo estudiar lo que sea y ahí, ser bueno. Desde pequeño esa sensación me recorre el cuerpo, desde primaria hasta la universidad, si de algo me puedo jactar es que nadie puede llamarme ignorante. Todo menos eso.
Colecciono exámenes de admisión a universidades, colecciono exámenes, no diré que todos han sido éxitos rotundos, eso sería mentir, he reprobado muchos pero también he pasado muchos más, he realizado exámenes en todas mis escuelas, exámenes de admisión quiero decir y bueno, me rio de ellos, a mi ninguna escuela me ha dicho que no, nunca. Otros se vanaglorian de su cuerpo o de logros deportivos, yo presumo exámenes de admisión, exámenes que están hechos para excluir a las personas, exámenes que son filtros, exámenes que tengo guardados como trofeos de caza, exámenes que alimentan mi ego. Las mejores universidades me han dicho que sí, exámenes para comunicación, para ingeniería ambiental, ingeniería en sistemas ambientales y para sociología. Ninguno para medicina.
Si hay algo que recuerdo mucho de mi infancia y adolescencia es esa presión social para estudiar medicina, como si estuviera predeterminado. Gente que me conoce de tiempo atrás, otros que sólo me han visto una vez han dicho lo mismo: ¿y tú por qué no estudias medicina? No lo sé.
Estoy cansado, sinceramente ya no quiero sentirme así, me hace mucho daño, me va minando en mi interior, poco a poco, como las gotas de un suero que va lento y diluido. No sé qué me pasa, quiero saber, quiero entenderme.
Creo que si fuera medico, bueno, si estudiara medicina, creo que sería bueno, para continuar por el mismo camino de antes.
Medico interno, cama 36. Me hablan a mí, ¿verdad?
¿Qué impulsa este deseo por estudiar medicina? A ciencia cierta no lo sé, creo que es multifactorial, un poco de aquí, otro poco de allá. Creo que me mueven las ansias de reconocimiento, las ansias de destacar.
Escribir es algo que me fascina, ya no puedo vivir sin hacerlo con regularidad, está en mis genes ya. Quisiera que alguien me escuchara y fingiera interés, quisiera que trataran de entenderme.
Si hubiera estudiado medicina desde que salí de la prepa, en este momento estaría en quinto semestre. ¿qué materias llevaría? No lo sé, pero si sé que con problemas similares, pinchas ansias de acaparar todas las áreas del conocimiento, maldita división del trabajo social, maldita especialización, puta modernidad.
El paciente refiere dolor agudo en la región izquierda de la espalda, manifiesta haber sido diagnosticado con hipoplasia renal izquierda, se envía al servicio de cirugía general para su valoración, se recomienda la realización de una nefrectomía.
Hay tres batas colgadas en mi ropero, tres fantasmas permanentes, no se van, ahí siguen. En mi casa aguardan mis pantalones y camisas blancas, bajo la cama están mi estetoscopio y mis libros de farmacología y anatomía, en mi mente está la pregunta que me atormenta siempre. ¿Por qué no estudie medicina? Por pendejo, responde mi tía. Remedo de médico, dice mi mamá.
Ya, por favor, ya no soporto más.
Doctor Gonzalo García se le solicita en quirófano, tiene que extirpar una idea.
Hay que prevenir y extirpar, mutilar, es mejor así, antes de que invada todo el cuerpo y se convierta en gangrena, una gangrena blanca y generalizada.
Veo mis manos, tienen una pluma y no un bisturí, reviso mi mochila y está el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, los de inmunología quedaron atrás.
Buenos días, Doctor …