De cierto modo, para él, hacer gelatina también es un arte. No difiere mucho de escribir, pintar o esculpir, preparar gelatina requiere tiempo, una profunda concentración, mirada fija en un punto, con tensión en la quijada, y un pulso firme como el acero.
Preparar gelatina no solo es vertir polvo en un recipiente con un liquido caliente dentro, a elección del ejecutor y por supuesto, de la gelatina, leche o agua son las opciones, es también una forma de agradar, de mostrar que sé es un util para algo. Hay gente que arregla coches, que pinta casas o que construye estadios. Él vende felicidad, vende gelatinas.
Una gelatina no es un coloide más. También puede ser la manera de regalar flores dentro de una urna tambaleante, como orquidea, o puede ser la encarnación de un personaje, el que sea, un vitral con colores primarios, un molde es un lienzo, una pagina en blanco.
Él vende gelatinas, grandes y sencillas, multicolor o lizas, ninguna es igual a la otra.
La gelatina asemeja al pan, entran a una cavidad, cual crisalida, para salir como mariposa, firmes y exuberantes. Ambos alimentos pasan por una transformación física, dejan atrás el estado larvario para volar a la boca y morir en el paladar. Él vende gelatinas.
Preparar gelatinas no es llamativo, aburrido dicen algunos que es pero, para él es el modo de ganarse la comida, vende gelatinas. Entrar en su cocina es como entrar a una armería, de la pared cuelgan las armas, no escopetas sino cacerolas, listas para usarse, distintos tamaños y colores cuelgan como murcielagos esperando la noche, palas, cacerolas y moldes.
A veces prepara bajo pedido,encomendero del rey, mercenario del coloide, la gelatina estará patrón, no se preocupe.
Él vende, y prepara, gelatinas. Es un mago de las temperaturas, de la fisicoquimica, inicia como polvo, pasa a liquido y luego a coloide, juega con la materia y él, sólo hace gelatinas.