miércoles, 28 de septiembre de 2011

Carta de amor al pasado de un amor sin realizar.

Una ves más, aquí estás. Pensé que te habias ido pero no, ¡qué iluso fui!.

Aquí estamos de nuevo, frente a frente, tus ojos clavados en mi mirada, nos observamos fijamente, sin parpadear, ambos sabemos lo que piensa el otro, se nos transpira por los poros.

Pensé que después de un mes y medio de no vernos ya nos abriamos olvidado, pero no. El recuerdo sigue tan vivo como hace tan sólo unos meses, no te sales de mi mente, ¡maldita seas!.

Fue como la primera vez, yo con un libro bajo el brazo y tú con tu tersa piel blanca, esa que llevas tan ceñida al cuerpo. Mira que nos has perdido el toque para conmigo, me sigues seduciendo como al inicio, me conoces, y me conoces bien, sabes donde tocar, ahí en donde más me pega, en el orgullo.

Vas y vienes, vuelves a pasar. Te contoneas frente a mi, me muestras tu cara más atractiva, la del poder. Tus multiples representaciones lo hacen frente a mi cara, me lo restriegan a cada instante que paso en tu casa. Vienes y me tocas, ahí, donde sólo tú sabes, en el orgullo. Lo haces una y otra vez, no cabe duda, me conoces bien, sabes que el poder me atrae, pero tú bien sabes que el poder de mandar no, sino el poder de hacer. El poder de tocar y transformar.

Tienes poder sobre mi, me conoces de tiempo atras, lo nuestro no es nuevo, ya tenemos tiempo enfrascados en esto, ya huele a rancio nuestra relación. Tú me conoces desde mis inicios, sabes lo que soy, pero sobretodo lo que fui, ese chico que empezaba a conocer, aquel niño que probo el dulce nectar del conocimiento, maldita droga, una vez que la pruebas y vives un día en su paraiso no la puedes dejar, siempre quieres más, más que el otro. Entre más consumes, mejor te sientes, lo demuestras a todas horas, en tu pensar, en el andar y a la hora de hablar, sobre ahí.

Cada vez que estoy en tu casa no puedo evitar el soñar y el sentir. No, no puedo. Me escondo en mis libros y revistas pero tú pasas frente a mi y me sonries, me dices, ven, vamos, yo sé que tú quieres. Más de dos años dudando, dos años pensando que te habia superado, pero no, la duda sigue ahí, y ahí seguira por largo tiempo.

¿Qué seria de nosotros si estuvieramos juntos? No lo sé, lo que sí sé es que tendriamos una relación tormentosa, llena de tensión, como esos amores apasionados pero que duran tanto, son fugaces pues. No me hubieras permitido crecer, me querrias para ti sola y eso no es justo. Sabes lo que pienso y lo que siento, también sabes lo que aspiro a ser. Tal vez no estaria escribiendo este texto como señal cierto coqueteo tardio, pienso que estaria quejandome amargamente de ti, por posesiva, sin lugar a dudas. También por tu poco compromiso social.

Pero estamos así, distanciados por el tiempo, nos vemos espeoradicamente pero, esos momentos me hacen flaquear, dudar y mira que eso no es facil. 

Estuvimos tan cerca pero la ocasión se fue, no supimos aprovechar el animo del momento, tal vez fue lo mejor, sólo tal vez.

domingo, 18 de septiembre de 2011

El futuro pendiente de un pasado robado.


En todo el ser de Adrea permanece un recuerdo de lo que fue, su vestimenta evoca el pasado, lo que se fue. Tal vez no se fue y en verdad se lo robaron, sólo que ella no se dio cuenta. Quizás.

Su cuerpo es adornado por una falda corta a cuadros, una blusa blanca de tirantes delgados y en sus pies calza unas livianas sandalias. Su voz es una oda al pasado, entre sus palabras se esconde un ligero acento poblano. Su caminar de mujer joven está cimentado en un contoneo de caderas de quien en un pasado cercano usaba tacones con regularidad.

Trabaja con sus padres atentiendo el negocio familiar, va y viene entre las mesas y la cocina, en su rostro se dibuja una sonrisa que contrasta con su mirada ausente. Es una chica amable que te recibe con un ¨bienvenido¨ y que te despide con un ¨gracias¨.

Adrea estaba estudiando la carrera de Arquitectura en la UDLAP. Sus padres la habian enviado a Puebla para que cogiera el mundo y la clase que en Acapulco no encontraria. La mandaron para allá con muchos esfuerzos, sus padres son dueños de un restaurant que ahora está en franco declive pero, aquellos eran otros tiempos, claro está.

Después de la crisis mundial del 2008, sus padres no pudieron seguir pagando su colegiatura. El negocio era insostenible, entre impuestos y pagos a provedores el margen de ganancia era poco. La hiceron regresar con la promesa  de que en cuanto todo mejorase, ella regresaria de donde partio una tarde de abril.

Sus grandes amigas, aquellas con quienes todos los viernes partia plaza en la transitada avenida Juarez, se despidieron de ella con lagrimas en los ojos,Nunca te olvidaremos, amigas para siempre, fue lo que le dijeron la ultima vez que estubieron juntas. 

Sus maletas, contrario a como se fueron, llegaron llenas de ropa y recuerdos de su estadia en Cholula. Todo fue comprado en las mejores tiendas poblanas, prueba irrefutable de la abundancia de antaño.

Cuatro años después, esas maletas estan encerradas en un closet, ansiosas de emprender el viaje de regreso. Adriana tiene los mismos cuatro años de estar radicada en Acapulco, cuatro años en los que no ha regresado a Puebla ni por accidente, 3 años en los que sus amigas se olvidaron de ella porque ya no podia pagar los bolsos caros que las identificaba como una sola mujer en el campus.

Sus padres le ofrecieron continuar sus estudios en su cidad natal, en cualquier universidad que ella eligiera pero se nego rotundamente. Ella no quiere estudiar en el puerto, exige que sus padres cumplan su promesa, que le devuelvan la vida que le fue arrebatada, que le entreguen su vida tal y como era antes de la crisis.

Hace poco pintaron la fachada del negocio, la pintura de aceite fue reemplazada por una de color blanco, con base en agua y le cambiaron el nombre al lugar, ahora en la fachada se lee: Fonda Remedios.