lunes, 20 de junio de 2011

Estúpidas balaceras arruina cumpleaños.

Rubí ha marcado la última cruz en el calendario, la larga espera ha terminado, 365 días han transcurrido, mañana es su cumpleaños. Tapa el plumón con el que marco el día preliminar al día tan ansiado, esta parada frente al calendario de su cuarto y lo mira con una ilusión enorme que se refleja en sus ojos, ¡al fin!, exclama entusiasmada.

Cena, hace la tarea y se baña ensimismada, en su mente no hace más que imaginar como será el día de mañana, las felicitaciones que recibirá en la escuela, cómo ira peinada, no se le escapa ningún detalle. Lo mejor de todo es que su mamá le ha dado permiso de ir a comer con sus amigos a un restaurante cercano, nada lujoso, unas hamburguesas con papas y refresco. Se acuesta y mira al techo, una sonrisa se dibuja en su boca, mañana cumplirá 14 años. 

Los gritos de su mamá la despiertan, ¡Anda, despiértate que ya son las 6 y vas a llegar tarde!, da una vuelta sobre su cama y mira de nuevo al techo, se tapa la cara con las manos y de un salto se para, lentamente, casi arrastrando los pies avanza hacia el baño, no quiere llegar pero es un destino inevitable, se tiene que bañar. Ahí esta ella, despojándose de su pijama hasta quedar desnuda, abre la llave de la regadera y alarga la mano, quiere saber si el agua esta fría o caliente, no le gustan las sorpresas y para su buena suerte, esta tibia, Es porque es mi cumpleaños, piensa, nada puede salir mal. Se baña y sale envuelta como tamal del baño, corre hacia su cuarto dejando una rastro de gotitas que la delatan.

Se pone el uniforme y se peina, al final ira como siempre, no quiere esforzarse mucho. Sale de su cuarto con dirección al comedor, su mamá se mueve y grita como una loca, Rubí, siéntate a desayunar, le ordena, y ella la obedece, en la mesa hay un plato de cereal y fruta picada, comienza con la fruta y deja lo mejor para el final. Esta ella comiendo cuando de repente el tornado se detiene y apoya las manos sobre la mesa, toma aire, Rubí deja de comer y la ve a los ojos como acusado que espera su sentencia, Sé que hoy es tu cumpleaños y que prometí que después de la escuela tenias permiso para ir con tus amigos a comer pero ya no se podrá, ¿Por qué?, exclama la niña pidiendo una respuesta, mejor dicho, la exige, Acaban de decir en las noticias que hubo una balacera por ahí cerca y que recomiendan a la gente no acercarse, lo siento pero te vienes de la escuela a la casa, ya aquí comeremos algo rico, le dijo esbozando una leve sonrisa, como de premio de consolación. 

Se echa la mochila al hombro, esta vez pesa más de lo habitual, una pesada losa a la espalda, la mochila cargada de ilusiones ya no está. Sube al coche, se coloca el cinturón de seguridad y espera que su mamá ponga el coche en marcha, avanzan por el camino conocido a la escuela, Rubí mira absorta por el parabrisas, el paisaje es el mismo de los últimos meses, camionetas de la policía con hombres encapuchados de mirada inquisitiva, convoyes de color verde olivo donde se ven rostros curtidos por el sol y el cansancio, mamás que abrazan a sus hijos temerosas de estar en el lugar y momento equivocado. Eso es en lo que se ha convertido su ciudad, un espacio donde convive el miedo y la incertidumbre. Su mamá pone el radio, el silencio era perturbador.

Han llegado a la escuela, el auto se detiene frente a la puerta principal, los niños corren hacia ella como si fuera la entrada al cielo, otros, caminan desganados hacia la entrada del cautiverio. Rubí se baja del auto sin despedirse, planta los pies firmemente en el suelo y mira fijamente al frente, en su mente sólo hay una pregunta: ¿por qué tenían que desatar una balacera en la mañana de sus 14 años? Ella no entiende por qué.


2 comentarios:

  1. me encantoo Gonzaloo..!!
    muy bien jovenciitoo :D
    nomass dass la pura verdad :D


    definiitiivoo te ira muy bien
    en laa UNAM..!!

    tqqqmmm i te extrañamoss por acaaa :D

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  2. Muy bonito, como tus historias anteriores. En lo personal éste es mi blog favorito :) Creo que lo mejor es que a Gaby le ha encantado, eso es lo que importa.

    Un abrazo.

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