sábado, 18 de junio de 2011

Gracias amigo.

Hoy, justo a un año de tu muerte, te escribo esta carta sabiendo que si bien nunca la leeras, en ella encontraras todo lo que tú dejaste en mi mente. No escribo esta carta con la intención de sonar suntuoso, sólo quiero que sepas lo que has forjado en mi.

José, mi amigo y maestro, supiste mostrarme nuevas ideas, decirme que el ser humano debe luchar siempre por un mundo mejor, que las letras son el camino para despertar las conciencias.

Empeze a leer tu obra con El viaje del Elefante y simplemente me encato, cada vez que abria sus paginas en mi mente aparecia el gran Salomón caminando, lente pero constante, por el continente europeo para complazer a un duque en su cumpleaños. Las conversaciones de don José con el techo siempre me parecieron interesante, aunque fueron pocas, avanzaba yo por las paginas esperando encontrarme otras. Jesús y Cain caminan juntos por un sendero largo y dificil, el de tratar de entender a Dios, tú fuiste quien en lugar de explicar la divinidad hiciste algo más dificil aún, explicar la humanidad, su sentir y su pensar. Podria explayarme hablando de tus libros y los fragmentos que me han marcado pero tú fuiste quien los escribio, los conoces mejor que nadie y creo que eso nos hace complices, siento que tú los escribiste para mi, sabiendo lo que provocarias con ellos.

Un año sin saber nada de ti, siento una enorme tristeza de no tener nunca un libro tuyo firmado exprofeso para mi, de no poder conocerte en persona y cruzar las miradas, de escucharte leyendo uno de tus textos pero te entiendo, tenias que irte y dejar espacio libre para los que venimos detras de ti, sé que ese es tu deseo y que no habra mayor acto de agradecimiento que continuar tu obra y seguir leyendote. No lo tomes a mal, yo sé que entiendes que el continuar tu obra no significa publicar con tu nombre, pecado mayusculo, sino continuar tu ejercisio de darle voz a quienes no la tienen, de darle a la humanidad un sentido y una razón, de contar historias gratificantes para el corazón.

Ya me despido mi amigo pero antes quiero confesarte que tu obra tiene una sucursal en mi mente y corazón. Tú ya formas parte de mi, tus ideas las he hecho mias, espero que no te moleste, pienso difundirlas y así lograr que haya más José Saramago en el mundo, no solo en libros y revistas, sino en los corazones de las personas.

A ti, maestro, Gracias.

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