sábado, 17 de mayo de 2014

A propósito del Día contra la homofobia



A la memoria de Paco Steiner, Vida, por toda la ayuda brindada a mi madre, 
con sincero agradecimiento.

Rememorar a Acapulco y no mencionar el Astoria sería un error. Durante las décadas de los 80s y 90s fue el café por antonomasia, ubicado en pleno Zócalo de la ciudad era una referencia obligada. Vendian de todo: tortas, comida a la carta, mole rojo y verde los domingos pero sobre todo, café. El café con crema era conocido y reconocido por todos, no había nada más que pedir, eso y un bolillo dorado con mantequilla y mermelada. Ahí fue donde conocí a Steiner, y donde él conocio a Estela.

Ambos amaban la tecnología, ese fue el primer lazo en común. Se conocieron por mí, la invite a ella a nuestra mesa. Por aquellos días el Astoria era punto de reunión de periodistas, escritores y personas sin utilidad aparente pero con mucho tiempo libre. Steiner vivía de sus rentas y Estela era profesora. Una vez que se conocieron fueron inseparables, la amistad surgio con el tiempo y fue lubricada por el café con crema. Pronto, ella iba a su casa y viceversa, conocieron museos, casas de la cultura y exposiciones intinerantes hasta donde sus piernas les permitieron, pronto comenzaron a ser apodados como el suplemento cultural del Novedades, Vida y Estilo.

Steiner era un hombre atípico, para comenzar, era estremadamente puntual. Un hombre respetuoso, reservado -nunca se le conocío pareja alguna-, pero sobre todo, solidario. Después de un tiempo de convivencia Estela se entero que Steiner era homosexual. Nunca lo sospecho pero cuando éste se lo confeso ella no se inmuto: lo que hagas con tu vida privada, en tu intimidad, no me interesa, le dijo. Cuando ella visitó su casa en el DF, él tenía todo preparado, un cuarto para ella con baño propio. Al llegar le mostro toda la casa menos su cuarto, nunca la invito a pasar. El primer día desyunaron en Los bisquets bisquets de Obregón y pasaron el resto del día en el Museo de Templo Mayor. Pasaban el día entero en la calle, caminaban y caminaban sin parar.

Cuando él venía a Acapulco ella le daba llaves de su departamento, podía entrar y salir a la hora que él quisiera. Se reunian en el Astoria, siempre a las 5 de la tarde para planear el resto del día. En cierta ocasión, Steiner decidió aceptar la invitación de su tía para celebrar el cumpleaños de éste en su casa, la señora preparó más de ocho charolas con distintos platillos: enchiladas, tostadas, pata, ensalada de nopales, tinga y una olla de tamales. Lamentablemente, Estela fue la unica invitada. Digo lamentablemente porque era mucha comida para tres personas, él dice que sólo la invito a ella porque unicamente quería invitar amigos.

Cuando Estela se embarazo pocos supimos la noticia, yo lo noté en su rostro, su piel había tomado una tersura inusitada, como de melocotón. Dada su avanzada edad, su embarazo era de alto riesgo, producto valioso, según la jerga médica. Ella pensó en abortar en caso de que el niño viniera mal, alguna mal formación no era un buen inicio, era madre soltera y no quería comprometer al niño a un crecimiento en el que ella pudiera faltar. Decidió ir al DF a realizarse todos los estudios necesarios, Steiner fue su guía, la llevo a todos los hospitales necesarios, hizo las reservaciones con anticipación, le dio hospedaje en su casa. 

Lamentablemente, Steiner nunca conoció al niño, murió de Sida en un momento incierto, mientras Estela gestaba él se fue de este mundo. Nadie supo del deceso, a nadie se le ocurrio preguntar a su tía por y él y no había muchas maneras de contactarlo, pocos tenían su número telefonico y solamente Estela conocía su dirección en el DF. Nunca conocí amistad más cercana y sincera que la que Vida (Steiner) sentía por Estilo (Estela). Fue ella quien comunico su muerte a todo el Astoria, fue a buscar a su tia para preguntarle por él y fue ahí donde se entero de la noticia. Ahora, sentado en un consultorio pediatrico, frente a un ejemplar del Novedades no puedo hacer otra cosa mas que buscar el suplemento Vida y Estilo.




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