domingo, 18 de septiembre de 2011

El futuro pendiente de un pasado robado.


En todo el ser de Adrea permanece un recuerdo de lo que fue, su vestimenta evoca el pasado, lo que se fue. Tal vez no se fue y en verdad se lo robaron, sólo que ella no se dio cuenta. Quizás.

Su cuerpo es adornado por una falda corta a cuadros, una blusa blanca de tirantes delgados y en sus pies calza unas livianas sandalias. Su voz es una oda al pasado, entre sus palabras se esconde un ligero acento poblano. Su caminar de mujer joven está cimentado en un contoneo de caderas de quien en un pasado cercano usaba tacones con regularidad.

Trabaja con sus padres atentiendo el negocio familiar, va y viene entre las mesas y la cocina, en su rostro se dibuja una sonrisa que contrasta con su mirada ausente. Es una chica amable que te recibe con un ¨bienvenido¨ y que te despide con un ¨gracias¨.

Adrea estaba estudiando la carrera de Arquitectura en la UDLAP. Sus padres la habian enviado a Puebla para que cogiera el mundo y la clase que en Acapulco no encontraria. La mandaron para allá con muchos esfuerzos, sus padres son dueños de un restaurant que ahora está en franco declive pero, aquellos eran otros tiempos, claro está.

Después de la crisis mundial del 2008, sus padres no pudieron seguir pagando su colegiatura. El negocio era insostenible, entre impuestos y pagos a provedores el margen de ganancia era poco. La hiceron regresar con la promesa  de que en cuanto todo mejorase, ella regresaria de donde partio una tarde de abril.

Sus grandes amigas, aquellas con quienes todos los viernes partia plaza en la transitada avenida Juarez, se despidieron de ella con lagrimas en los ojos,Nunca te olvidaremos, amigas para siempre, fue lo que le dijeron la ultima vez que estubieron juntas. 

Sus maletas, contrario a como se fueron, llegaron llenas de ropa y recuerdos de su estadia en Cholula. Todo fue comprado en las mejores tiendas poblanas, prueba irrefutable de la abundancia de antaño.

Cuatro años después, esas maletas estan encerradas en un closet, ansiosas de emprender el viaje de regreso. Adriana tiene los mismos cuatro años de estar radicada en Acapulco, cuatro años en los que no ha regresado a Puebla ni por accidente, 3 años en los que sus amigas se olvidaron de ella porque ya no podia pagar los bolsos caros que las identificaba como una sola mujer en el campus.

Sus padres le ofrecieron continuar sus estudios en su cidad natal, en cualquier universidad que ella eligiera pero se nego rotundamente. Ella no quiere estudiar en el puerto, exige que sus padres cumplan su promesa, que le devuelvan la vida que le fue arrebatada, que le entreguen su vida tal y como era antes de la crisis.

Hace poco pintaron la fachada del negocio, la pintura de aceite fue reemplazada por una de color blanco, con base en agua y le cambiaron el nombre al lugar, ahora en la fachada se lee: Fonda Remedios.  

1 comentario:

  1. Yo como siempre, vivo esperando que actualices éste blog :)

    Me llama la atención el nombre de la chica, jamás lo había escuchado. En fin, muy buena entrada, como siempre, e igualmente como siempre, un enorme gracias por compartir.

    Abrazo.

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