Es domingo por la mañana. En unas horas más estara Andres Manuel Lopez Obrador en Acapulco, viene a un mitin en pleno zócalo, lo han anunciado desde el miercoles pasado, la efervesencia de la gente se siente en el ambiente, estamos emocionados.
La cita es a las 4 de la tarde en la piñata del parque papagayo. De ahí saldremos en contingente hasta el zócalo, recorreremos la avenida Cuauhtemoc, cruzaremos la vía rapida, pasaremos frente al IMSS y el Vaquero para desembocar en el la costera, cual rio caudaloso que lleva años seco pero que las lluvias han rejuvenecido, así es como se sienten los animos, rejuvenecidos.
Hemos comido más temprano de lo normal, no queremos llegar tarde a la marcha, salimos para la calle y al llegar al boulevard encontramos que hay un flujo de autos y caminoes fuera de lo normal, son demasiados, nunca he visto algo así.
Pasan y pasan autobuses repletos de gente, sacan la cabeza por la ventanilla, gritan, sonrien y saludan a los peatones, ondean banderas amarillas, naranjas y rojas, algunas simplemente portan gorras con la leyenda AMLO Presidente. Esperamos a que pase un camión del transporte publico pero es la hora que no pasa, son ya las 3:30. Nos estamos desesperando. A lo lejos y en el carril de baja velocidad viene un micro pintado diagonalmente con rojo y amarillo, esos que van para la poza, también ondea sus propias banderitas, se va acercando y de pronto, se detiene frente a nosotros, se asoma la señora que viene en la ventanilla junto a la puerta y pregunta:
¿Ustedes también van para el mitin? - Nos inquiere a la vez que esboza una gran sonrisa.
- Sí - respondemos timidamente
Ah bueno, subanle, nosotros vamos para allá.
Subimos sin replicar y cuando intentamos pagarle lo del pasaje al conductor éste dice que no haciendo una seña con la mano.
Rentamos el camioncito, si se quieren regresar con nosotros, venganse, no hay problema - comenta la misma mujer de hace rato.
Empieza a avanzar el micro y nosotros avanzamos hacia los unicos asientos disponibles, los ultimos, los de hasta atras, nos sentamos junto a una señora gorda de brazos grandes y cara enrojecida por el sol, lleva su gorrita y un banderin en el que se lee: Sonrie, Vamos a Ganar. La señora se inclina hacia adelante y jala una hielera grande color roja con tapa blanca, la abre y de ahí saca un par de sandwiches y otro más de jugos de sabor, esos que vienen en un esvase en forma de oso, nos los ofrece diciendo:
- Tomen, por si tienen hambre.
No gracias, acabamos de comer. Es verdad, no tenemos hambre
- ¿De verdad? ¿Seguros? - nos pregunta agudizando la mirada, como quien busca el más leve indicio de que le mentimos.
De verdad, mejor guardenlos para el regreso.
- Conste eh, después no se esten quejando que tienen hambre.
Asentimos con la cabeza, vuelve a guardar los alimentos en la hielera y la regresa a su lugar, atorada debajo de un asiento, seguimos avanzando, lentamente subimos hasta llegar a la cima, nos rebasan autos y camiones, muchos de ellos traen al frente mantas que indican de donde vienen, en algunas se puede leer: Chilpancingo Presente, Ayutla con AMLO, Ometepec va con AMLO y demás frases alusivas al día, los autos particulares y taxis no se quedan atras, muchos llevan pegotes con el grito de guerra: Sonrie, Vamos a ganar, otros muestran a Andres Manuel sonriendo con el pulgar levantado, lo acompaña el eslogan de la campaña, Por el bien de todos, primero los pobres, los menos agitan sus banderines fuera de la ventanillas y así es como de diluye el camino, entre banderas, consignas e ilusión por el cambio.
Nos bajamos a unos metros de la piñata, la gente se arremolina alrededor de ella, poco a poco, se esparse el rumor de que Andres viene retrasado y que no estara en la marcha, nos alcanzara en el zocalo, ni modos, los candidatos a diputados, senadores se colocan al frente, se encadenan con los brazos y atravez de los altos parlantes se escuchan voces que no indican que nos unamos al contigente. Así lo hacemos.
Conforme la masa humana avanza por una de las avenidas más grandes de Acapulco, los marchantes de mayor edad evocan la otra gran marcha, la primera que sacudio a Acapulco, la marcha del 88, aquella encabezada por Cardenas y Muñoz Ledo, qué días aquellos, dicen los más viejos, suspirando y añorando a los viejos lideres.
Cuando llegamos al zócalo buscamos el mejor lugar. Esto es una fiesta, las bocinas a todo lo que dan, las voces les hacen segunda, todo mientras lo esperamos.
Llegan 2 Suburban negras, baja Andres de una de ellas y se escucha el estruendo, las mujeres gritan, los hombres aplauden, los niños son trepados a los hombros, Mira hijo, es él, el de cabello blanco.
Comienza el mitin.
Ésta entrada va dedicada para todas aquellas personas que luchamos por un cambio, cada uno desde nuestra trinchera, desde la calle o la computadora. Somos todos iguales en la batalla y sobretodo, solidarios el uno con el otro porque no hay mayor muestra de amor cristiano que luchar por tener una sociedad más igualitaria, a todos ellos, Gracias y sigamos adelante. ¡NO PASARAN!
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